La utilidad de la psicología

Nunca el ser humano ha estado tan cercano como lo está hoy de realizar sus esperanzas más deseadas.

Los descubrimientos científicos y las realizaciones técnicas permiten imaginar el día cuando la especie humana formará una comunidad unida y dejará de vivir en compartimientos estancos…

Ahora bien, si el ser humano dirige su mirada hacia él mismo, ¿qué puede decir?

¿Se ha acercado de la realización de otro sueño de la humanidad, el de la perfección del ser humano? ¿El sueño del ser humano que ama a su prójimo, que se comporta con justicia, que dice la verdad y realiza en sí mismo una imagen de Dios?

Si es embarazoso plantear esta pregunta, es que la respuesta es dolorosamente clara. Hemos creado maravillas, pero hemos fracasado en nuestra vida que no está llena de fraternidad, de felicidad y de plenitud.

Nuestra vida está llena de caos y desorden espiritual que nos acercan peligrosamente al estado de locura en el cual el contacto con la realidad interna se pierde y el pensamiento se separa de la vida afectiva.

Además, nuestro organismo es agredido, en todas las etapas de la vida, por factores patógenos. La polución del aire, del agua y de los alimentos exige de nuestro organismo un esfuerzo de desintoxicación que es a menudo difícil de alcanzar por el estilo de vida agitado y estresado. La educación nos enseña a reprimir nuestras emociones. La vida social impone estereotipos que no favorecen ni la individualidad, ni la salud.

Y estar consciente, es vivir la particularidad de su propia existencia transponiéndola en la universalidad de su saber. Corresponde decir que la conciencia es una estructura compleja: la de la organización misma de la vida de relación que liga el sujeto a los otros y a su mundo.

Inmanencia y transcendencia: estas son las antinomias entre las cuales se constituye la conciencia.

¿Cómo podemos comprender la conciencia del ser humano que es precisamente su razón incorporada a su cerebro para abrirse a la libertad de su existencia? No para yuxtaponerlos en un prudente y odioso eclecticismo, pero para articularlos tal como son integrados en la organización propia del ser psíquico.

Esa necesidad de decir sobre la conciencia viene del hecho de que el malestar que propongo aliviar es el contrasentido de la conciencia del hombre.

No tengo otra pretensión que la de dar una información general sobre las posibilidades de aplicación de la psicología.


La utilidad de la psicología

Comprender el ser humano

Desde la Antigüedad, el hombre buscó entenderse: desde un punto de vista filosófico, ver intelectual; y poco a poco, con la preocupación de su aplicación útil a la realidad.

Es así que las discusiones de los banquetes platónicas abrieron progresivamente campo a verdaderas teorías experimentales en los medios hospitalarios para sanar; después, en otros terrenos, para prevenir y diagnosticar (medios judiciales, políticos, publicitarios), para ayudar a sobrepasar traumatismos, para aliviar, mejorar el cotidiano y administrar el relacional dentro de una pareja, de una familia, de un medio profesional…

Para comprender el ser humano, cada uno puede recurrir a sus propias creencias religiosas, políticas, filosóficas… Pero la psicología es la disciplina la más allegada al hombre en lo que tiene de interiorizado, de íntimo y de precioso. Recordemos que la definición literal de la psicología es el "estudio del alma".

Si no es la panacea, la psicología da, a cambio, una luz indispensable a la administración de los acontecimientos humanos. Ya no podemos negar su utilidad en las áreas de la pedagogía, de la sociología, de la medicina, etc.

Aún si la psicología todavía asusta, porque a veces es mal dominada, esta posee un carácter eminentemente fascinante dado que concierne al hombre, por lo consiguiente al ser más importante sobre la tierra, o sea yo, usted, él, ella, ellos y sobretodo todos nosotros individualmente.

Traer herramientas de transformación

El eterno debate ciencia/psicología está, hoy, superado.

Los más grandes científicos, premio Nobel, están de acuerdo que las dimensiones científicas stricto sensu, las voluntades de mecanización y las teorías frías no bastan.

Se reconoce además el impacto de la psicología en la curación en particular; independientemente del arsenal quimioterapéutico administrado.

Sabemos también que hablar, ser escuchado, no ser juzgado, tener confianza en el silencio del otro son experiencias saludables en muchos cases.

En efecto, la psicología no se limita a establecer teorías –algunas ramas de la psicología rehusan categóricamente desarrollar teorías–, ésta propone herramientas.

Las críticas son numerosas¼ Afortunadamente, ya que este campo está más que otros, en los confines de las problemáticas deontológicas y éticas. Estas son tan constructivas como inevitables y todo psicólogo debería estar preparado a responderlas.

Sin embargo, estas herramientas, partiendo de los procesos terapéuticos pasando por los tests utilizados en las empresas y llegando a los cuestionarios de opinión, tienen la ventaja de responder a una preocupación de eficacia, de rigor y de adaptación.

Dentro del cuadro terapéutico, existen también herramientas precisas que se apoyan sobre las técnicas de aproximación según los diferentes contextos teóricos de referencia: tal terapeuta, inscripto en una línea psicológica, utilizará los medios propuestos por S. Freud y sus herederos como el análisis de los sueños, la libre asociación, la toma en cuenta de la transferencia…; tal otro, más cercano de una concepción humanista, gestaltista por ejemplo, le devolverá al paciente lo que él escucha de su lenguaje corporal.

En general, no hay buenas ni malas técnicas. Hay buenos o malos terapeutas.

Algunos elementos pueden aclararnos sobre el valor del terapeuta: su seriedad, su disponibilidad, su propia disciplina, su rigor en el establecimiento del cuadro terapéutico; pero también su capacidad a adaptar su o sus técnicas a tal problemática; su facultad de análisis de su propia transferencia sobre el paciente (contratransferencia), su escucha total, es decir sin a priori conceptual precoz, su propia capacidad de respuesta en caso de emergencia, su delicadeza para dirigir la comprensión del paciente sin jamás imponerle interpretaciones ó explicaciones.

Es así que se establece la confianza, condición sine qua non de una buena terapia.

La transformación personal viene de un apaciguamiento por el hecho de conocerse a si mismo, no es simplemente una revolución: no se trata ni de cambiar radicalmente ni de historia, ni de piel, ni de vida. Se trata de salir de la crisálida y de los límites que ella impone.

Objetivo: "estar mejor"

Es ésta transformación que permite alcanzar el objetivo. Ella implica tiempo, esfuerzos y aceptación de los diferentes estados que el trabajo analítico lleva a atravesar.

Si estos esfuerzos son, a veces, próximos del dolor, ellos no deben determinar un "estado doloroso". Esta es toda la diferencia.

El buen terapeuta es como una peridural: él acompaña el alumbramiento –en ésta circunstancia, el hecho de parirse a si mismo– sin obstaculizar las sensaciones, pero aliviando considerablemente los efectos patógenos.

El bien estar que resulta de dicho trabajo debe poder ser observado en la realidad cotidiana. Bien entendido que no se trata de un estado de ingenua beatitud, sino más bien de una agudización del estado de conciencia de si mismo, y en consecuencia de la comunicación con los otros y con el entorno.